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 JERJES ¿UNA DRAG QUEEN?

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Beto
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MensajeTema: JERJES ¿UNA DRAG QUEEN?   Lun Jul 09, 2007 11:32 am

La figura del rey persa Jerjes en el film "300" de Zack Snyder, sobre la batalla de las Termópilas, resulta caricaturesca, pues asume los prEjuicios de Occidente acerca de los orientales. Asimismo, sobrevalora el episodio bélico y lo presenta como decisivo, distorsionando la realidad histórica.



Penetrar en el pasado es como introducirse en una caja llena de espejos orientados con distinto ángulo. Lo que de veras ocurrió en aquel estrecho paso de las Termópilas a finales de agosto del año 480 antes de la era cristiana es algo que se puede mirar desde múltiples reflejos especulares. Uno, como otro cualquiera, es el de Frank Miller -el aplaudido creador del cómic Sin City-, o el de su émulo, el cineasta Zack Snyder, que lleva a la gran pantalla el cómic 300.

Ellos sabrán si han tenido la intención de ofrecer, cada uno en su obra creativa, un relato verosímil de lo acontecido. El segundo no ha sido aún demasiado explícito, pero el primero no parece haber ahondado mucho en la búsqueda de una lección de historia. Se ha conformado con su propia interpretación. Y lo que parece haberle interesado es la moralina del cuento, su moralina, que no difiere mucho de la lectura que la civilización occidental ha hecho de aquellos sucesos.

En consecuencia, no puedo compartir el entusiasmo de quienes quedan satisfechos con la explicación de que estamos ante el resultado, uno de los resultados, de una gran conspiración destinada a crear el necesario ambiente antipersa para justificar una acción militar de Occidente contra la amenaza que supone Irán.

Más bien creo que todo esto es producto de ese ambiente, de modo que ni Miller ni Snyder -con su cómic y su film, respectivamente- me parecen sacerdotes de un holocausto que se vaticina, sino acólitos de una forma de ver, de pensar y de sentir el mundo mucho más antigua.

Incluso me atrevo a creer que ellos mismos son víctimas de su época, que asume con menos prejuicios que nunca -menos incluso que en la paidófila Grecia antigua- una estética homofílica representada en sus dos vertientes más obvias: una más viril, derivada de la pertinaz actividad gimnástica que desemboca en rotundos pectorales y cúbicos abdominales, y otra más afeminada, propia de las reinonas del desierto, representada por un ambiguo y patético Jerjes que parece surgido de un disminuido carnaval tinerfeño, o simplemente de un autobús llamado Priscilla (en alusión al conocido film de 1994 Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, en el que un autobús transporta tres artistas drag queens).

El cómic de Miller se publicó en una serie de cinco entregas entre mayo y octubre de 1998, cuando aún estaban en pie las Torres Gemelas de Nueva York y el gobierno de Irán todavía no había iniciado su programa nuclear, aunque ya había sido afiliado al eje del mal. La película de Snyder se estrena en el 2007, y su dependencia del cómic es tan descarada que no creo que esos datos históricos que he mencionado hayan sido determinantes en la elección de la conversión del cómic en una película destinada a obtener ganancias multimillonarias en la taquilla. Pero sería ingenuo pensar que el ambiente creado en las relaciones internacionales no tiene incidencia en la producción de los consumos de ocio.

Tradición e interés se aúnan para avivar una tensión cada vez más hostil en la mirada del otro. Eso es lo que está en juego. El milenario recelo de Europa hacia Asia se abre una vez más como una sanguinaria flor, capullo sin inocencia.

Me interesa presentar en estas breves páginas algunas observaciones acerca de la imagen que Occidente transmite del más esplendoroso representante de Oriente en aquel momento: Jerjes.

Las fuentes griegas no son copiosas en la descripción de Jerjes. Sin embargo, atisbamos algunos rasgos ya en la propia Historia de Heródoto (484-c. 420 a. de C.), quien relata los acontecimientos precedentes y los relativos a las Guerras Médicas (que enfrentaron a los griegos con el imperio persa durante el siglo V a. de C.). Nada autoriza a identificar a Jerjes con una suerte de exhibicionista depilado y de feminoides maneras.

En el relato de Heródoto, la virilidad de Jerjes no está en entredicho. El historiador pone en su boca, de hecho, un improbable discurso en el que el monarca persa, ante la asamblea de los más notables señores del Imperio, recrimina a su tío Artabano su escaso entusiasmo por la expedición contra Grecia y le dice: "te impongo, por ser cobarde y estar desanimado, la vergüenza de no acompañarnos y permanecer aquí con las mujeres. Yo, incluso sin ti, llevaré a cabo cuanto dije". Pero el Jerjes de Heródoto es dubitativo y, tras el enconado discurso del día anterior, cambia de parecer y dice a los nobles que ya no irán contra la Hélade, aunque un sueño lo obliga a convocarlos al día siguiente para que preparen sus huestes. Finalmente, embauca a su tío para que lo acompañe y la maniobra militar se lleva a cabo a partir de una estratagema engañosa. Es la viva imagen de un rey poco seguro de sí mismo, demasiado inclinado a las visiones oníricas, a las interpretaciones derivadas de la sabiduría de los magos y en los sacerdotes zoroástricos, y muy temeroso ante las supersticiones y los presagios. Pero también es orgulloso y caprichoso, atributos que se ponen de manifiesto durante los preparativos de la guerra y, más claramente, cuando, irritado con el mar que ha destruido su puente en el curso de una tormenta, manda que lo azoten y le pone grilletes al Helesponto -el actual estrecho de los Dardanelos-, tras marcarlo con hierros incandescentes. Esta es una prueba de su carácter colérico, que aparece reiteradamente en su comportamiento y en las ejecuciones injustas que ordena, por ejemplo, en Sardes. No obstante, conforme avanza el relato de los acontecimientos, Jerjes adquiere mayor dignidad, alterada tan solo en el episodio final, cuando, descubierto el cadáver de Leónidas (el rey espartano vencido en las Termópilas), ordena decapitarlo y empalar la cabeza.

¿Pero, podemos fiarnos de la imagen de Jerjes generada por el Heródoto que narra las Guerras Médicas? Sería absurdo aceptar que el heleno dice la verdad. Y aun me atrevería a insistir, frente al criterio de los amantes de las biografías, en que el supuesto carácter bondadoso o irritable de los personajes no resuelve nada en historia. Lo importante sería comprender las razones por las que Jerjes obró del modo en que lo hizo y por qué se retiró de la Hélade tras incendiar la Acrópolis de Atenas.

No presenta un perfil distinto el Jerjes del historiador latino Cornelio Nepote (99-24 a. de C.) en su relato de la vida del estadista ateniense Temístocles (525-460 a. de C.), sino que abunda en la idea de que le falta rasmia, el arrojo necesario para someter a los griegos. Tras la derrota de Jerjes en Salamina (en el 480 a. de C.), Los persas del poeta griego Esquilo (c. 525-456 a. de C.) nos presenta un Jerjes descompuesto. Se trata de una tragedia que celebra el triunfo de Atenas y enfatiza la superioridad moral de los griegos: "Al ver Jerjes, desde el trono en el que estaba sentado en la cumbre de una colina para seguir el combate naval, la gravedad de su derrota, lanza un grito y se rasga las vestiduras; con un terrible alarido da la orden al ejército de tierra de retirada inmediata". Y ya de regreso a la ciudad persa de Susa, entona, ante el coro de la tragedia que lo recibe, aquel famoso: "Heme aquí, mísero de mí, he arruinado a mi patria y a mi pueblo".

De modo que el más representativo de los orientales del momento aúna en su persona la soberbia, el orgullo, la indecisión, la superchería, la arrogancia, la cólera, la venganza, la furia y el lamento. No son pocos atributos, pero ninguno característico de una drag queen. Y a pesar de ello a mí no me irrita la chirriante imagen del persa, entendida como una síntesis de la imagen que de Oriente ha creado Occidente durante milenios. Bien distinto habría de ser el resultado si, por el contrario, atendiéramos -para la confección del Jerjes actual- al retrato que de sí mismo creó el gran rey en los relieves del palacio de Persépolis y en su tumba de Naqs-i Rustam.


Jaime Alvar, Universidad Carlos III de Madrid
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MensajeTema: Re: JERJES ¿UNA DRAG QUEEN?   Miér Ago 15, 2007 12:22 pm

Beto, bajo mi modesta opinion, creo que lo que quieren potenciar con esa pinta de cabalgata del orgullo gay, es lo refinado, sofisticado etc... que eran los persas frente a los rudos, toscos y brutos espartanos.
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MensajeTema: Re: JERJES ¿UNA DRAG QUEEN?   Miér Ago 15, 2007 12:27 pm

Una vez sofocadas todas las revueltas, y alentado por su primo Mardonio, trató de vengar la derrota sufrida por su padre, Darío I, en la batalla de Maratón, durante la Primera Guerra Médica (490 adC). Darío no había podido castigar a los atenienses por su intromisión en la Revuelta jónica en Asia Menor, por lo que Jerjes planificó la operación de castigo con sumo cuidado (483 adC). De esta forma, mandó excavar un canal a través del istmo que comunicaba la península de Monte Athos con el continente europeo; se almacenaron provisiones en escalas a lo largo de la ruta que recorría Tracia; y se erigieron dos puentes que atravesaban el Helesponto. Jerjes concluyó una alianza con Cartago, lo cual privó a los griegos helénicos del apoyo de los griegos sicilianos de Agrigento y Siracusa, a la vez que consiguió ganar para la causa persa a varios estados griegos, como Tesalia, Macedonia, Tebas y Argos. Los persas lograron reunir para la ocasión una gran flota (la mayoría de las naves procedían de sus vasallos fenicios y chipriotas) y un poderoso ejército (estimado por las fuentes clásicas en unos dos millones de combatientes, si bien es muy probable que no superara los cien mil efectivos).

De esta forma, en la primavera del año 480 adC, Jerjes abandonó Sardes al frente de su ejército, desencadenando así la Segunda Guerra Médica contra la alianza griega de Atenas y Esparta. En principio el ejército persa consiguió importantes victorias: la flota griega fue rechazada en el cabo Artemisión, y tras la victoria sobre Leónidas de Esparta y sus 300 hombres en el desfiladero de las Termópilas, los persas devastaron Beocia y el Ática, llegando hasta Atenas
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